Volver al Ser - Lic Jime Sesto

Volver al Ser - Lic Jime Sesto

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05/06/2026

Durante mucho tiempo, el foco está puesto afuera. En lo que el otro no da, no dice, no hace. En cómo sería todo si cambiara. Es lógico — y es humano. Los vínculos duelen desde ahí.
Pero hay algo que noto en el trabajo terapéutico: mientras el foco está en el otro, el movimiento propio se congela.
No porque el otro no tenga su parte. La tiene. Sino porque esperar que el otro cambie para poder moverse uno es ceder el lugar más importante: el de protagonista de tu propia vida.
El giro no es fácil ni inmediato. Y tampoco es "me hago cargo de todo". Es algo más sutil. Es empezar a preguntarse qué necesito yo acá, qué estoy eligiendo sostener, qué me dice de mí lo que estoy esperando del otro.
Cuando ese foco vuelve hacia adentro, algo se mueve. No porque el vínculo cambie de golpe — a veces no cambia. Sino porque vos ya no estás en el mismo lugar.
Y desde ahí, las opciones son otras.
¿Hay algo que estés esperando que cambie en el otro antes de poder moverte vos?
Te leo,
Jime 🦋

04/06/2026

Hoy abrí un libro que me regalaron para mi cumple, de Joan Garriga. Y en la segunda página cita Gracias a la vida — la canción de Violeta Parra en la voz de Abel Pintos, que venía escuchando estos días, casi sin saber bien por qué.
Y me detuve.
Porque ese tipo de encuentros no los paso por alto. Cuando algo se repite, cuando dos cosas que parecían separadas de repente se tocan, algo en mí presta atención. No como una superstición. Como información.
¿Qué parte de mí me impulsó a comenzar el libro justo hoy? ¿Fue acaso la canción mi guía hacia él?
Me lo regalaron hace meses. Estuvo ahí, disponible, esperándome. Y sin embargo lo abrí hoy. En este momento. Cuando la canción ya estaba sonando dentro mío.
Eso es lo que me resulta fascinante de los tiempos internos: no siempre llegamos a las cosas cuando están disponibles. Llegamos cuando estamos listos para recibirlas. Cuando algo en nosotros se abre lo suficiente como para que lo que necesitamos pueda entrar.
La vida tiene una manera de conducirnos que no siempre entendemos en el momento. A veces una canción suena en loop sin que sepamos bien por qué. A veces un libro espera meses para que lo abramos. Y de repente, en un instante, todo se conecta.
Eso no es casualidad. Es que finalmente estabas lista para ver lo que ya estaba ahí.
En mi trabajo acompañó ese tipo de procesos — los que no se fuerzan, los que se despliegan cuando el momento interno lo permite. Porque sanar, como la vida misma, tiene sus propios tiempos. Y aprender a respetarlos es parte del entrenamiento.
Te leo,
Jime ✨

29/05/2026

Porque en teoría todos queremos madurar. Ser más libres, más tranquilos, menos reactivos. Pero cuando llega el momento concreto — el conflicto, el dolor, la incomodidad — algo en nosotros hace todo lo posible para no quedarse ahí. Para salir rápido. Para resolver, distraerse, explicar, culpar, o simplemente no sentir.
Y ahí está la trampa. Porque madurar emocionalmente no es aprender a evitar lo que duele. Es aprender a quedarse con ello el tiempo suficiente para que algo cambie adentro.
Y muchas veces esa edad emocional en la que seguimos estando no es caprichosa. Es el momento en que algo no pudo ser procesado, transitado, acompañado. Y ahí nos quedamos. Respondiendo desde ese lugar, sin saberlo. Hasta que algo o alguien nos invita a retomarlo.
Joan Garriga lo dice de una manera que no puedo mejorar: "Dejarnos atravesar por el dolor dura un tiempo y luego nos hace más libres, más reales, más amorosos, más compasivos. Nos conecta con una profundidad desconocida."
Atravesar. No resolver. No entender. No superar. Atravesar.
Eso es lo que cuesta. Porque nadie nos enseñó a quedarnos con lo incómodo. Nos enseñaron a ser fuertes, a seguir adelante, a no hacer drama. Y eso, que parecía protegernos, muchas veces nos dejó sin las herramientas para transitar lo que duele de verdad.
Madurar emocionalmente es aprender eso que no nos enseñaron. Despacio. Con acompañamiento. Con paciencia hacia uno mismo.
No es un destino. Es un entrenamiento.
Te leo,
Jime 🦋

26/05/2026

Ok, paro un segundo porque esto me parece importante decirlo: vivimos en una época donde lo que no funciona se cambia. El celular, la relación, el trabajo, el cuerpo. Todo tiene fecha de vencimiento. Todo es reemplazable.
Y en ese contexto, elegir repararse — volver sobre uno mismo, revisarse, trabajarse — empieza a parecer algo raro. Casi anacrónico. ¿Para qué invertir tiempo y energía en algo que "no funciona" si podés simplemente empezar de nuevo?
Pero hay algo que no cierra en esa lógica. Porque lo que descartás sin mirar, lo volvés a encontrar. En el próximo vínculo, en el siguiente trabajo, en el mismo patrón con otra cara. El descarte no resuelve. Solo pospone.
En algún momento me di cuenta de que elegir repararse no es resignarse. Es todo lo contrario. Es decidir que lo que sos vale la pena ser habitado, revisado, cuidado. Que no todo lo que duele merece ser descartado. Que a veces lo más valioso surge exactamente del proceso de volver sobre algo y elegir quedarse.
Repararse es un acto de valentía en la era del consumo. Porque va a contramano de todo. De la inmediatez, del descarte, de la lógica de que más nuevo es mejor. Elegir un proceso sostenido, elegir ir hacia adentro, elegir conocerse.
Y los que eligen ese camino saben algo que el resto todavía no aprendió: que no hay versión nueva de vos que no pase por lo que ya sos. Quizás esa sea la decisión más rebelde de todas — culturalmente hablando: elegir quedarse. Con el proceso, con uno mismo, con lo que todavía está por descubrirse.
Te leo,
Jime ✨

19/05/2026

No es una afirmación fácil. Y tampoco es un juicio. Es algo que aparece una y otra vez en el trabajo sistémico, y que vale la pena mirar de cerca.

👉Cuando hablamos de tomar a los padres en totalidad, no estamos hablando de haber tenido una infancia feliz. No es una invitación a idealizar ni a minimizar lo que dolió. Tomar a los padres es algo distinto: es darles un lugar en el corazón tal como son, con todo lo que fueron y lo que no pudieron ser. Sin juicios, sin méritos, sin culpas.

❤Y acá aparece algo que no siempre es fácil de sostener: ese lugar no depende del amor emocional que se haya sentido. El vínculo con los padres es anterior a eso. Existe más allá de si hubo calidez, presencia, o reparación. Es un vínculo dado, no construido. Y darles ese lugar — incluso cuando el amor emocional no estuvo, o estuvo a medias — es uno de los movimientos más profundos que una persona puede hacer.

Porque cuando ese lugar no se puede sostener, cuando solo se los toma con condiciones o desde el juicio, algo de esa dificultad aparece después. En cómo nos abrimos al otro. En cuanto dejamos entrar. En qué parte del amor adulto no termina de habilitarse del todo.

No es causalidad directa ni destino. Es una invitación a mirar: ¿Qué lugar ocupan tus padres en vos? ¿Los tomás en totalidad, o solo en la parte que no duele?

Te leo,
Jime 🦋

12/05/2026

....Y tiene sentido. Porque ya lo vivieron. Ya saben cómo duele querer a alguien y que algo se rompa, se pierda, cambie. Ya saben lo que cuesta abrirse y quedar expuesto. El cuerpo aprende rápido: si aquello que amé dolió, mejor no volver a ese lugar.

🧐Entonces se construye algo que parece protección. Se elige el vínculo a medias, la distancia cómoda, el no involucrarse demasiado. Se racionaliza: "soy independiente", "no necesito tanto", "prefiero no ilusionarme". Y en parte es verdad. Pero en parte es el aprendizaje de que amar tiene un costo que no siempre se está dispuesto a reconocer o a asumir.

✨Lo que aparece en sesión, una y otra vez, es esto: el deseo genuino de amar. Y al mismo tiempo, el miedo igual de genuino a lo que amar implica.

La paradoja es que no hay forma de separar las dos cosas. Abrirse al amor es, también, abrirse al dolor. No porque el amor sea sufrimiento — sino porque cuando algo importa de verdad, también puede perderse. Y eso duele. Y eso es parte.
No se trata de volverse insensible ni de exponerse sin cuidado. Se trata de algo más difícil: elegir abrirse sabiendo el costo. Apostar a la co-construcción de un vínculo no desde la ingenuidad, sino desde una decisión más consciente, desde el adulto emocional, de lo que implica querer.

¿Hay algo que estés eligiendo no amar del todo para no arriesgarte a que duela?
Te leo,
Jime 🦋

05/05/2026

🧐Porque fijar un precio a lo que uno ofrece parece una decisión económica. Y en parte lo es. Pero en el trabajo autónomo hay algo más que se activa cuando llega ese momento — algo que no tiene que ver con el mercado ni con la competencia ni con lo que cobra otro.

🖊️En el trabajo en relación de dependencia, el valor viene dado. Podés negociarlo, aceptarlo o no. Pero alguien externo lo define primero. Y eso, aunque a veces incomoda, también protege. Te ahorra tener que responderte algo mucho más profundo.

👉En el autónomo, esa protección no existe. El número que ponés es tuyo. Y en ese momento, casi sin quererlo, la pregunta deja de ser económica y se vuelve más profunda: ¿Cuánto valgo? ¿Qué valor y qué impacto tiene lo que hago?
Y ahí es donde aparece todo. El que pide menos de lo que corresponde porque cobrar más se siente excesivo, arrogante, o simplemente no merecido. El que no puede sostener su precio cuando el otro duda. El que trabaja el doble para justificar lo que cobra, como si el valor no alcanzara solo.

👉Y muchas veces esa justificación se busca hacia afuera: en los años de estudio, en la cantidad de cursos, en la experiencia acumulada🕗. Y todo eso cuenta, claro que sí. Pero hay una pata que casi nadie integra como válida: el diferencial, lo que te identifica, los talentos, la creatividad que acompaña y potencia todo lo que sabés.

Eso también es valor. Y muchas veces es lo más difícil de reconocer y de sostener.
Poner un valor a lo que ofrecés es también un acto de autoconocimiento. Y a veces, uno de los más incómodos.

¿Desde dónde estás poniendo tu valor?

Te leo,
Jime ✨

01/05/2026

.....Y eso merece una mirada. No un juicio, no una corrección rápida. Una mirada real.
Porque el agotamiento con el trabajo, esa sensación de estar dando siempre más de lo que se recibe, de sostener sin que nadie sostenga, de funcionar en modo sacrificio casi sin darse cuenta — no siempre es un problema de límites. No siempre se resuelve con una rutina nueva o con aprender a decir que no.

👉A veces viene de más atrás. Y podemos hipotetizar sobre al menos tres escenarios posibles.
Una hipótesis: el sacrificio puede ser una forma aprendida de desequilibrio entre el dar y el tomar. Donde dar es seguro, donde tomar incómoda, donde el esfuerzo se convirtió en la única moneda de valor conocida.

🧐Otra: puede haber un orden sistémico detrás. En muchos linajes, el sacrificio fue lo que permitió progresar. Lo que sacó a una familia adelante. Lo que le dio sentido al esfuerzo de generaciones. Y ese movimiento, que en su momento tuvo una función real, a veces se hereda sin que nadie lo haya elegido conscientemente.

Y una más: a veces el sacrificio en el trabajo es el lugar donde se repite algo del vínculo con los padres. Donde desde el amor ciego se trabajó duro, dando sin límite, sacrificándose, postergándose, con la ilusión de "salvar" a los propios padres. Y el cuerpo aprendió que así es como se quiere, que así es como se pertenece.
No es destino. Es una dinámica. Y las dinámicas, cuando se hacen conscientes, pueden moverse.

Hoy, en el Día del Trabajador, la pregunta no es si trabajás mucho o poco. Es desde dónde trabajás. Y si eso que sostenés todavía necesita ser sostenido de esa forma.

¡Feliz día a todos!
Los leo,

Jime 🦋

23/04/2026

👉Hay personas que crecieron en entornos donde mostrar lo que sentían tenía un costo. Donde necesitar generaba incomodidad, distancia, o simplemente no era recibido.

✨Y entonces algo lógico ocurrió: nació un mecanismo de defensa. Aprendieron a no necesitar. A arreglárselas solos. A sostener sin pedir que las sostengan.

Con el tiempo🕗, eso se convirtió en identidad. En orgullo, incluso. "Soy fuerte." "Yo puedo solo." "No necesito a nadie."

Y es verdad que hay una fortaleza real ahí. No se trata de negarla.
Pero también hay un costo que no siempre se nombra. El cansancio de sostener siempre. La dificultad de recibir cuando alguien ofrece. La soledad que aparece incluso estando rodeada de gente. El cuerpo que en algún momento dice basta, de la manera que puede.

🧐Porque la fortaleza que nació para protegerte de niño, de adulto a veces te aísla.
Y acá aparece algo que vale la pena mirar: ¿dónde aprendiste que tomar no era seguro? Desde la mirada sistémica, cuando el equilibrio entre el dar y el tomar se rompe (cuando solo se da, cuando tomar se siente peligroso o egoísta) algo en el vínculo, y en el cuerpo, empieza a resentirse.

No se trata de dejar de ser fuerte. Se trata de preguntarse si esa fortaleza es una elección o si es lo único que aprendiste a ser.
Pedir ayuda también es un acto de amor y valoración hacia uno mismo.

Te leo,
Jime 🦋

20/04/2026

Solemos preguntarnos por qué. Por qué somos como somos, por qué repetimos lo mismo, por qué algo duele todavía. Y casi de manera automática se activa la mente, que quiere comprender: abarcar todas las partes, unirlas, encontrar una explicación que las contenga a todas.

Pero comprender no es lo mismo que entender.

Comprender es reunir las piezas. Entender, en cambio, viene del latín y significa llevar hacia adentro. Es un movimiento diferente. No hacia afuera buscando respuestas, sino hacia el interior. Hacia algo que deja de quedarse solo en la mente, en lo cognitivo, y empieza a ordenarse. A asentarse. Porque cuando algo se entiende de verdad, el saber ya no está solo — acompaña la acción.

Entender invita al cuerpo. No solo a la mente que analiza, sino a algo más profundo que incorpora. Que integra. Que hace de ese saber algo vivo, algo que ya no puede quedarse igual.

Por eso podés pasar años comprendiendo por qué sos como sos y que nada se mueva. Porque comprender sin entender es reunir piezas sin habitarlas.

¿Hay algo que tu mente ya comprendió pero que tu cuerpo todavía está procesando?

Te leo,
Jime ✨

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