Historias para no dormir
un sector de lectura, para que escuches frases que te motiven, te traigan recuerdos, enamores, y más...
HOSPITAL RURAL (AUTOR : Francisco Roman)
Soy enfermera rural y tengo 42 años.
He trabajado más de la mitad de mi vida en hospitales pequeños, donde el olor a alcohol y cloro se mezcla con el de la tierra mojada.
Pero nunca, nunca había tenido un turno como aquel 2 de noviembre.
Esa noche cambió la forma en que miro la vida… y lo que viene después.
Trabajo en una clínica del sur de Oaxaca, en medio de la sierra.
Somos pocos: dos enfermeras, un médico joven que apenas llegó hace unos meses, y un vigilante que se queda dormido antes de medianoche.
Las paredes son delgadas, el techo gotea cuando llueve, y el generador de luz falla casi siempre.
Pero la gente del pueblo confía en nosotros.
Dicen que “aquí se cura el cuerpo… y a veces, el alma”.
El 2 de noviembre, Día de Mu***os, el turno era mío.
Mi compañera pidió cambiarlo porque iría al panteón con su familia.
Yo acepté, sin imaginar lo que esa noche me esperaba.
A las 8 de la noche empezó la lluvia.
De esas que no paran, que huelen a tierra y a flores marchitas.
El viento soplaba tan fuerte que las puertas temblaban.
Encendí las velas del altar que habíamos puesto en la entrada: unas fotos de pacientes fallecidos, flores de cempasúchil y pan de mu**to.
Una pequeña ofrenda para los que ya se habían ido.
A las 10, el doctor se fue a descansar al cuarto de guardia.
El vigilante dormía en su silla, y yo me quedé sola, revisando los sueros y medicamentos.
Todo estaba tranquilo… demasiado tranquilo.
Cerca de la medianoche, escuché que tocaron la puerta principal.
Golpes suaves, pero insistentes.
Pensé que era algún campesino pidiendo ayuda.
Cuando abrí, vi a una mujer empapada, con un rebozo negro cubriéndole la cabeza.
—Buenas noches —me dijo con voz ronca—.
Mi madre se puso mala… no puede respirar.
Le pregunté dónde estaba, y señaló hacia el camino que llevaba al panteón.
El corazón me dio un brinco.
—¿Allá? ¿En el cerro?
Asintió.
—Vive cerquita… si viene conmigo, se lo agradeceré.
Miré el reloj: 12:03 a.m.
No debía salir, pero algo en su mirada me hizo aceptar.
Tomé mi linterna, mi botiquín y salí con ella bajo la lluvia.
El pueblo dormía.
Solo se escuchaba el viento y el repiqueteo del agua en las láminas.
La mujer caminaba rápido, sin hablar.
A medida que avanzábamos, el aire se volvía más frío.
Y el camino… no llevaba a ninguna casa.
Llevaba directo al cementerio.
—¿Está segura que es por aquí? —le pregunté.
Ella no respondió.
Solo siguió caminando hasta detenerse frente a una tumba.
Encendió una vela y me dijo:
—Aquí es.
Quise retroceder, pero mis piernas no respondían.
Ella levantó la mirada, y fue entonces cuando vi su rostro.
Pálido. Hinchado.
Los ojos hundidos y una línea morada rodeándole el cuello… como si la hubieran ahorcado.
—Ayúdela, enfermera —susurró—. No puede respirar…
Mi linterna parpadeó.
Y detrás de la tumba, vi a una mujer acostada sobre la tierra, envuelta en el mismo tipo de rebozo.
Tenía los labios morados, los brazos rígidos, y en su pecho una cruz de flores marchitas.
Estaba mu**ta.
Retrocedí tambaleándome.
—¡Dios mío! —susurré—.
La mujer me miró con tristeza.
—Usted cura, ¿verdad?
—Sí… pero esto no…
—Entonces cúreme a mí —dijo—. Cúreme el alma.
El viento sopló tan fuerte que la vela se apagó.
Y cuando volvió la luz de la linterna… ella ya no estaba.
Solo quedaban las huellas de sus pies sobre el lodo, que se desvanecían poco a poco bajo la lluvia.
Corrí de regreso al hospital, empapada, temblando.
El reloj marcaba las 12:47.
El doctor me vio entrar pálida.
—¿Qué pasó, Maribel?
Le conté todo.
Pensó que deliraba.
—Tal vez el cansancio, el clima… o la sugestión del día de mu**tos.
Intenté convencerme de eso.
Pero cuando fuimos juntos a revisar el altar, las velas estaban apagadas.
Todas, menos una.
Y justo frente a esa vela había una foto que **no estaba ahí antes**: la de una mujer con rebozo negro.
El doctor se quedó mudo.
Le juro que no era broma.
Revisamos el archivo y no encontramos ningún registro con ese rostro.
Pero la foto estaba impresa en papel fotográfico, con su nombre debajo:
**Dolores Méndez. 1921 – 1973.**
Los ancianos del pueblo nos dijeron al día siguiente que **Doña Lola**, como le decían, había sido una partera que murió ahorcada en su casa, una noche de lluvia.
La encontraron días después, con una vela encendida junto a ella.
Desde entonces, cada Día de Mu***os, alguien la ve caminando hacia el hospital.
Dicen que busca curarse… porque murió atendiendo un parto que nunca terminó.
Después de esa noche, nada volvió a ser igual.
Cada 2 de noviembre, el generador se apaga solo a medianoche.
Y siempre, sin falta, alguien toca la puerta tres veces.
Golpes suaves.
Como aquella vez.
Yo sigo trabajando ahí, aunque nadie me cree del todo.
Pero a veces, cuando camino por el pasillo y veo una sombra con rebozo en el reflejo del cristal… sé que **Doña Lola** volvió a su turno de guardia.
Y aunque me dé miedo, siempre le dejo una vela encendida en el altar.
Por respeto.
Porque sé que solo quiere terminar lo que empezó.
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💀 **Consejo
Si trabajas en hospitales rurales o en servicios de salud, **nunca ignores las tradiciones del lugar**.
A veces los altares, los rezos y las ofrendas no son superstición, sino una forma de equilibrio.
El respeto a los mu**tos mantiene la paz entre lo que vemos… y lo que no.
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05/11/2025
LA MUJER DEL CAMINO
DERECHOS DE AUTOR :ALEX MORALEX GÓMEZ
Les voy a contar mi historia, y para muchos simplemente pudo haber sido algo de mi imaginación y la de mi madre. Tal vez no sea algo que cause terror, pero para quien lo vive, en este caso yo, sí que es bastante atemorizante.
Mi madre y yo vivíamos en una pequeña casa a las afueras del pueblo. Para ir donde estaban las casas de la cabecera municipal, a nuestra casa había algo así como casi una hora. Yo había ido al pueblo a comprar algunos víveres y regresaba a casa casi oscureciendo.
A lo lejos veo la figura de una mujer al lado del camino, y desde la distancia veo que me levanta la mano como buscando mi atención. Así que apresuro el paso para llegar donde está aquella mujer y la sigo viendo hasta pocos pasos antes de llegar. Era una anciana que lleva un vestido azul y una pañoleta blanca en la cabeza, pero cuando estoy a unos pocos pasos de ella, la mujer desaparece todavía con la mano en alto.
Un frío recorre mi piel y me hace sentir un miedo terrible. Acabo de ver una aparición, de un fantasma o de lo que sea, así que apresuro el paso a casa y llego a contarle a mi madre lo vivido. Ella se queda sorprendida y también asustada, y me cuenta: en las horas de la tarde llegó una mujer igualita a la que yo le describía y le pidió un vaso de agua. Mi madre dijo que con mucho gusto y entró a traer el vaso de agua para que tomara, pero cuando regresó, la mujer simplemente había desaparecido y no había ningún lugar donde se pudiera ocultar, porque aquel es un lugar llano donde se puede ver todo. Al igual que yo, mi madre asegura que sintió un frío que nunca antes había sentido, simplemente se persignó y entró en casa.
A quién vimos ese día mi madre y yo no lo sé, pero para mí que lo viví, fue una experiencia bastante aterradora.
MORALEX
Historia real💀
Un cumpleaños aterrador🎂
Una pijamada muy caliente 🔥🔥🔥
El escalofriante caso de maddison
La confeccionista👗
28/09/2025
🏚️ La Casa Embrujada de Sopocachi
En el barrio Sopocachi, en La Paz, se alza una construcción inconclusa que los vecinos conocen como “la casa embrujada”.
A simple vista parece solo una edificación abandonada, pero su historia está marcada por la tragedia y el miedo.
Cuenta la leyenda que a mediados del siglo XX una familia adinerada comenzó la obra. Su objetivo era levantar una mansión imponente, símbolo de poder y prestigio. Pero la avaricia y la envidia se cruzaron en el camino: antes de terminarla, los miembros de la familia murieron en circunstancias extrañas.
Unos decían que fue un as*****to por disputas de herencia. Otros, que los mismos dueños practicaban rituales oscuros para “proteger su fortuna” y que el mal se volvió contra ellos.
Desde entonces, la construcción quedó abandonada. Nadie se atrevía a comprarla. Los pocos obreros que intentaron continuar la obra renunciaron aterrados: escuchaban voces, pasos en los pisos superiores —aunque las escaleras no estaban terminadas— y veían sombras moverse entre los muros a medio levantar.
Los vecinos aseguran que, por las noches, la casa cobra vida. Se ven luces parpadear en las ventanas rotas 💡, y se escucha música antigua, como si dentro hubiera un baile interminable al que asisten fantasmas.
En 2018, la casa volvió a ser noticia: un incendio misterioso la consumió parcialmente. Nadie supo el origen de las llamas, no había electricidad ni moradores. Para los creyentes, fue la señal de que los espíritus atrapados en su interior se rebelaban una vez más.
Hasta hoy, la estructura sigue en pie, ennegrecida por el fuego y cubierta de grafitis. Los jóvenes curiosos que se atreven a entrar hablan de una presión en el pecho, de frío repentino y de la sensación clara de que alguien los observa desde la oscuridad.
Los más osados aseguran haber visto figuras humanas en las ventanas y escuchado llantos apagados dentro de las paredes.
En Sopocachi, todos saben dónde está esa casa, pero pocos se animan a mirarla demasiado tiempo.
Dicen que si te quedas frente a ella en silencio…
Puedes escuchar un murmullo que repite:
“La casa nunca será terminada.”
28/09/2025
La casa de la colina
En el pueblo todos hablaban de una casa abandonada en la colina 🏚️.
Decían que estaba maldita… que nadie salía igual después de entrar.
Claudia no creyó en los rumores.
Una noche de tormenta ⛈️ decidió comprobarlo.
La puerta se abrió con un chirrido escalofriante 🚪.
Adentro, el aire era denso, como si la casa llevara años sin respirar.
Los retratos antiguos en la pared parecían seguirla con la mirada 🖼️👀.
Cada paso en la escalera crujía demasiado fuerte… demasiado humano.
De pronto, un susurro.
Venía de una habitación al fondo del pasillo.
Claudia abrió la puerta.
Una mecedora se movía sola 🪑… y en el suelo había un viejo teléfono de disco ☎️.
El teléfono sonó.
Con manos temblorosas contestó.
—Clauuuudia… —susurró una voz.
La linterna parpadeó 🔦.
Cuando volvió la luz, los retratos ya no eran los mismos.
Mostraban rostros deformados…
Y en cada uno aparecía Claudia, con cara de terror.
Corrió hacia la salida, pero la puerta había desaparecido 🚫.
Solo había un muro húmedo y frío.
El teléfono volvió a sonar 📞.
La casa no la dejaría ir.
Nadie volvió a ver a Claudia.
Pero dicen que, si entras en la casa de la colina…
Escucharás ese mismo teléfono sonar.
Y si contestas… 📱
Una voz pedirá ayuda.
Si no cuelgas a tiempo…
Tú también quedarás atrapado. 👻
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