Espai Psico-Corporal Barcelona
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TERAPIA MORFOANALITICA
http://aetmorfoanalistas.org
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18/03/2023
"Me siento feliz por poder sentir todo lo que siento, y libre por poder decirte lo que pienso."
Esta frase asomó a los labios de una paciente, aún con sus ojos cerrados, al final de una sesión. Desde muy pequeñita su cuerpo aprendió a retener su espontaneidad natural para evitar el enfado su padre, cuya consecuencia era mejor no tener que sentir. Su cuerpo tuvo que aprender a retener las muestras de alegría, de enfado, de miedo. Tuvo que aprender a pasar desapercibida. Poco a poco esta niña se fue endureciendo, creando una coraza que la mantenía inmóvil y restringía su comunicación separándola de los demás. Su cuerpo estaba apretado para no dejar salir su sentir. Y con el tiempo, gran parte de su sentir se fue apagando incluso en su interior, para ella misma. "¿Quién soy? ¿Qué es lo que quiero?" Se preguntaba meses atrás, cuando ya habíamos empezado a tomar contacto profundo con la historia de su vida que había quedado grabada en forma de tensiones en su cuerpo.
Escuchar que se sentía feliz y libre al final de esta sesión me hizo sentir muy orgullosa de ella; estaba recuperando su sensibilidad y su confianza en sí misma, y en los demás a través de la relación transferencial.
Este tener que ocultar una parte de uno mismo me hace pensar en otro paciente, muy exitoso en su trabajo, al que de joven "enderezaron" en casa al son de "ponte recto". Durante el transcurso de la terapia descubrió que debajo de su autoexigencia aprendida se escondía una soledad profunda, una falta de apoyo y cuidado que venía de muy atrás en el tiempo. Este paciente pudo revivir conmigo su soledad, pudo permitirse encorvarse de nuevo, pudo sobreescribir de otra manera este aspecto de su vida, exigirse menos, mostrarse más vulnerable. Durante esta etapa de su proceso de transformación psico-postural sus problemas digestivos y cefaleas se fueron reduciendo hasta desaparecer casi por completo. Cuando se hubo nutrido suficientemente con el acompañamiento específico que proveemos los terapeutas morfoanalistas, descubrió que podía erguirse sin esfuerzo, sintiendo el apoyo de sus pies firme y estable sobre el suelo y con un vigor nuevo, un mayor disfrute de su camino en la vida.
Una de las ideas principales de Wilhem Reich, médico, psiquiatra y psicoanalista en los años 40 del siglo pasado, era la noción de coraza muscular según la cual la parte más externa, la más evidente del ser humano era la más dependiente de la adaptación social. La parte más profunda se correspondería con la parte más espontánea, natural y primaria, quedando en medio un estrato de diversas defensas musculares.
Hoy, la neurocientífica Nazareth Castellanos, cátedra extraordinaria de la Universidad Complutense de Madrid, es conocida por evidenciar en sus estudios la continua interrelación entre el estado corporal y el psicoemocional.
Los terapeutas morfoanalistas constatamos todos los días en nuestras consultas estas evidencias teóricas. El trabajo sobre las corazas musculares a través de la profundización de la respiración y la realineación del cuerpo en sus ejes fisiológicos es la base fundamental de nuestro cuadro terapéutico. Pero este trabajo no sería suficiente sin una escucha y un acompañamiento psicoemocional empatico y comprometido. Es la unión de estos aspectos físicos y emocionales lo que permite que nuestros pacientes recuperen la conexión con su verdadero ser y desarrollen las herramientas que necesitan para reconducir su camino en la vida, con el goce de disfrutar de un cuerpo más saludable, perceptivo y disponible.
Irene Galván
Terapeuta Morfoanalista
30/01/2023
El no se impone.
El veganismo se vive.
24/12/2022
https://youtu.be/ikvmJDDwK3M
Para estos días de ajetreo, os proponemos unos minutos de reconexión a través de la música: Somos vibración.
Gracias por habernos seguido durante todo este año y esperamos seguir interesando, conectando y generando reflexión.
AETM
Aetmorfoanalistas.org
19/10/2022
EL TRAUMATISMO FETAL DE ABANDONO
En la TERAPIA MORFOANALÍTICA, la reparación del traumatismo de abandono fetal se aborda directamente en el cuerpo. A través de los cuidados corporales, la presencia y la empatía del terapeuta, el paciente consigue atravesar estos traumatismos instalados en su inconsciente desde el origen de su vida. Como en aquel momento el aparato psíquico del paciente aún estaba sin construir -tan solo había consciencia, no palabras- será imprescindible que el terapeuta ponga palabras a lo ocurrido para dar sentido al sufrimiento incomprensible que vive el paciente.
Nadie como Jean Sarkissoff ha entendido y explicado la importancia y las consecuencias en la vida adulta de este tipo de sufrimiento.
“La tarea de la madre no empieza al nacer su hijo, sino en su concepción. Desde este momento la naturaleza la encargo de estar presente para su hijo y de conducirle hacia el nacimiento evitándole cualquier traumatismo de abandono fetal. Desde la concepción, debe ser recibido por su empatía para bañarse en ella durante nueve meses; aun pasará mucho tiempo hasta que pueda prescindir de ella. Un traumatismo de abandono puede surgir ya durante la vida fetal. Tanto si precede como si sigue al nacimiento, forma los fundamentos sobre el cual los traumatismos posteriores se depositarán.
Ocurre pues que ya durante la vida fetal, el niño se siente gravemente amenazado. Adquiere entonces prematuramente el conocimiento de su existencia: el terror irrumpe en su conciencia bajo la forma de un traumatismo que se graba en su interior.
Hizo falta el progreso reciente del inconsciente para que la trágica amplitud de estos hechos lo ponga en evidencia, durante su descenso hacia el interior, el análisis llega más pronto o más tarde hasta el estrato primitivo: el dolor de abandono.
Cuando la empatía materna falla gravemente durante el embarazo y la frustración resultante sobrepasa el umbral de tolerancia del feto, se encuentra confrontado con un dolor que puede ser atroz, o siente todo su ser derrumbarse dentro del abismo sin fondo de la nada. Un traumatismo fetal (Bleger) se inscribe en su inconsciente.”
Mirta Díaz Vázquez
Terapeuta Morfoanalista
Aetmorfoanalistas.org
26/09/2022
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25/08/2022
Hoy queremos compartir contigo este emocionante artículo💻 de Mista Losada Aggeré que nos habla del papel fundamental del padre en la crianza🤱.
Esperamos que os guste.
REIVINDICANDO EL VALOR DEL PADRE
El comportamiento relacional y afectivo del hombre, del padre de familia, dado por la influencia de la cultura patriarcal de antaño en el grupo familiar, ha cambiado mucho y para bien en los últimos años. En esta ocasión, me refiero particularmente a su implicación afectiva con su compañera desde el inicio de la gestación y en el papel activo en la crianza de los hijas-os.
Me resulta sumamente gratificante constatar que cada vez son más los padres que portan orgullosos a sus bebés en brazos o en la mochila al salir por la calle. Un cuerpo a cuerpo que les acerca a conocerse y a amarse mutuamente.
Compartiré una escena del cotidiano que me llegó al alma. Había reservado sitio en un tranquilo restaurante de un museo de Barcelona. Me asignaron una mesa y la contigua estaba ocupada por un hombre joven con un bebé muy pequeño en sus brazos. Frente a él, le acompañaba la que supuse su mujer y madre del bebé. Una escena familiar muy armoniosa. En un fugaz cruce de miradas con el joven padre, esbocé una tierna sonrisa, a la que él correspondió con amabilidad. Fue como si de pronto, en mi pequeño gesto natural y espontáneo, el padre pudiese identificarse y reconocerse, como en un espejo, como el padre amoroso que su imagen me transmitía. El bebé, dejado ir en sus brazos, dormía plácidamente. Su padre le aseguraba relajado y con firmeza mientras conversaba con su mujer y ambos proseguían con su comida.
Al cabo de un rato, el bebé comienza a desperezarse, abre sus ojos y progresivamente emite algunos sonidos llevándose su mano a su boca. Antes que el bebé llegase a sentir demasiada hambre, el joven se levanta y mantiene una comunicación con su hijo a través de la mirada, del toque, de palabras. Unos pocos minutos después, cuando su mujer ya estaba lista, se acerca a ella, quien coge al bebé para darle el pecho. El padre regresa a su asiento. Se miran, comentan algo, se les ve con muy buen contacto. Cuando el niño terminó de comer, el padre se levantó nuevamente y volvió a coger al niño en sus brazos para seguir encargándose de él.
Poniéndonos de pie casi al unísono para marchar, tuve ocasión de conversar unos instantes con la joven pareja de padres primerizos. Así, me contaron que el bebé tenía apenas un mes, que ahora la madre sí se encontraba mejor, que las dos primeras semanas después del parto, se sentía bastante cansada, abrumada con todo lo nuevo a conocer y descubrir del pequeño, pero también de la situación... Y agrega: “suerte que él está en casa y me ayuda con todo”. Les miro con agrado, le escucho con ternura, y dirigiéndome a él resalté el valor de su disposición para con su hijo como también la importancia del gran apoyo brindado a su compañera... Y entonces me dice: “lo hago con mucho gusto y ¡es lo mínimo que puedo hacer! ella estuvo nueve meses gestándole, atravesando cambios corporales, hormonales, los últimos meses con mucho peso, luego el parto, recuperarse y ahora continúa, pues cada tres horas ha de darle el pecho y no puede dormir todo seguido por las noches. Por eso, todo lo que pueda hacer para que ella esté descansada...”
¡Qué satisfacción escuchar este tipo de comprensión de un compañero y padre de familia! Es muy necesario este tipo de acompañamiento, de sensibilidad del hombre en estas fases de una nueva vida. De una nueva vida del recién nacido, y de una nueva vida de los recién nacidos como padres.
David Zimmerman destaca que una de las fundamentales funciones que debe ser ejercida por el padre es la seguridad y la estabilidad que él da, o no da, a la madre, en la tarea, a veces ardua y extenuante, de educar bien y promover el crecimiento del hijo.
Sabemos que la madre o quien desempeña la función materna, es la principal encargada del desarrollo del bebé en los primeros tiempos de la vida. Por ello es conveniente y de esperar que, desde la gestación, la madre esté tranquila, sin grandes preocupaciones externas. Y que se le permita organizar un entorno seguro desde el primer mes. Y claro, esto, en el mejor de los casos, lo facilita el padre. O la abuela, o alguien muy íntimo. Pero primero de todo hay que transmitirle a la madre confianza ya que esta ¡es un verdadero tranquilizante! Después, esta seguridad de sentirse arropada, la transmitirá a su bebé de forma natural, espontánea, a través de su estado. El bebé es una esponja, respira a su madre, respira a su padre y cuando estos elementos existen en ellos, favorecen un desarrollo psico-afectivo estable del bebé que adquiere el placer de vivir, relacionarse y aprender.
Nosotros, terapeutas morfoanalistas, somos muy conscientes de la importancia de la llegada al mundo de un nuevo Ser. De la importancia de crear las condiciones favorables para una óptima crianza que permita el desarrollo saludable de la personalidad y capacidades del bebé que más tarde se convertirá en adulto. De la importancia de una buena comunicación en el seno de la unidad originaria. De que la madre pueda ejercer plenamente su función y que el padre pueda ejercer plenamente su función. ¡Por el bien de los tres!
Por ello ayudamos con mucho interés a nuestros pacientes, mujeres y hombres, a reparar, cuando es necesario, aquellas fallas que pudieran existir en su propia historia. También es necesario, en muchas ocasiones, revisar los modelos que han sido nuestras referencias y nos han conformado. Tal vez haya cualidades, criterios, conceptos, creencias que nuestros progenitores nos han transmitido y que sean interesantes re-valorar, o tal vez haya otros aspectos a modificar, haciéndolos más afines a nuestra propia personalidad actual.
Zimerman, dentro del concepto de transgeneracionalidad, explica que para el padre es útil saber cómo fue su vínculo con su respectivo padre y hasta qué punto él no lo está repitiendo con su hijo; cuál es la representación interna que él tiene de su esposa (madre de la criatura) y que influirá bastante en la que el hijo tendrá de la madre, y también cuál es el “lugar” que el padre ocupa en el deseo y en la representación que la esposa tiene de él.
Sin duda trabajar, en el sentido de tomar consciencia de todo ello, representa abonar un terreno para hacerlo más fértil aún, a la hora de formar una familia. Dar, en su momento, la bienvenida a un hijo y ejercer con gusto y en libertad, la función paterna.
Mirta Losada Aggeré
Terapeuta Morfoanalista
23/08/2022
Escuchar mi cuerpo físico para reparar todos mis cuerpos
En esta ocasión, me gustaría compartir con vosotros un caso clínico en el que podemos ver de qué manera la escucha del cuerpo, permite abrir nuevas dimensiones del ser, ofreciendo una nueva mirada, un nuevo enfoque y, como resultado de esto, una nueva disposición ante la vida.
Desde la terapia morfoanalítica, no nos acercamos al cuerpo con el objetivo único de modificar directamente su estructura, si no que acompañamos al paciente, respetando su ritmo en su proceso de transformación, a través de la escucha activa del cuerpo. De este modo ayudamos a despertar su sensorialidad y a conectar sus sensaciones con sus sentimientos y pensamientos. Esto permite unir todas las partes del YO y conseguir así un equilibrio global del ser.
En esta ocasión me gustaría hacer énfasis en uno de los objetivos que tengo presente como terapeuta durante las sesiones. Ayudar y acompañar al paciente a descubrir las poderosas herramientas de las que dispone y que, a menudo, son unas grandes desconocidas. Destacaría la respiración consciente y la consciencia de las propias sensaciones corporales, entendiendo que la primera facilita la segunda.
Es a partir de ayudar a la persona a entrar en contacto con su cuerpo y por extensión con su mundo interno durante la sesión, que esta puede ir integrando en su vida dichas herramientas, empoderándose y pudiendo continuar este proceso de escucha en su día a día.
Así pues, veremos cómo esta sesión permitió a la paciente; escucharse, vivir, sentir y observar aspectos de sí misma que le permitieron tomar una nueva disposición frente a la vida.
La paciente, a quién daremos el nombre de Rosa, llegó a la consulta con una fuerte sensación de cansancio, poca energía y con un halo de resignación.
Al preguntarle por sus sensaciones en el cuerpo y de qué manera se mostraba dicho cansancio, ella respondió que sentía sus piernas cansadas y rodillas doloridas.
Con la ayuda de los toques de mis manos, pudo hacer consciente otras sensaciones como; tensión en sus hombros que bajaba hasta llegar a sus manos. A medida que iba sintiendo mis toques, la paciente notaba como la tensión disminuía bajo mis manos y dice sentir mucho descanso.
El toque de mis manos le permite traer la presencia al cuerpo. El hecho de hacer consciente dicha tensión favorece soltar sus tejidos y relajarlos.
Podemos pensar que no es posible intervenir sobre algo que no sabemos que existe. Si no siento la tensión, no veo la necesidad de mandar la orden de soltarla y por consiguiente liberarme de ella. Así pues, cómo punto de partida volvemos al gran valor reparador que tiene traer la presencia-consciencia al cuerpo.
Es importante observar también, cómo la paciente se estaba permitiendo descansar en mis manos. Me parece un bonito ejemplo, de cómo la terapia morfoanalítica cuida el aspecto relacional como elemento reparador a partir del vínculo terapeuta-paciente.
Continuamos la sesión con Rosa, una mujer que ha sostenido el peso familiar desde muy niña, haciéndose cargo de las tareas domésticas y del cuidado de sus hermanos. Actualmente madre de tres hijos, y desde hace años, se hace cargo de su madre enferma. Reforzando inconscientemente este papel de cuidadora aún más, ha trabajado durante muchos años como auxiliar de enfermería.
Podemos entender la necesidad de Rosa de soltar peso. Por un lado, encontrar un espacio seguro dónde entregar su peso, ser cuidada y dejarse descansar en mis manos y por otro, la oportunidad que le da cada sesión de soltar un poquito más de todo ese peso familiar que cargó y sigue cargando actualmente.
Tras sentir el cansancio y la tensión que albergaba su cuerpo ( y su ser) en una primera lectura de pie, pasamos a la posición horizontal en el suelo. La acompañé con un toque suave de mi mano en su vientre. Mano que al principio le parecía insuficiente y pequeña pero que poco a poco pudo ir sintiendo más grande, una mano que "abarca todo" dijo ella complacida, mostrándome sus necesidades más profundas.
Acompañada por mi mano, mi presencia y mi voz, fue instalando una respiración cada vez más amplia, siguiendo mis indicaciones de "ocupar todo tu espacio", "dejar que el aire vaya entrando suavemente", "abriendo los tejidos desde dentro"... A medida que esta respiración tranquila, amplia y consciente se iba instalando, con mi voz cargada de ternura le invitaba a ir soltando el peso de sus tejidos: "déjate sentir que con cada exhalación puedes mandar la orden de soltar un poquito más de peso", "deja que sea el suelo quien te sostenga", "sentir que ahora no tienes que hacer ningún esfuerzo"...
Mientras ella continuaba muy presente en su respiración, continuamos con el trabajo postural, para ayudarle a instalar una postura que permitiría un mayor apoyo de toda su columna en el suelo, al tiempo que sus tejidos, también de brazos y piernas estaban en estiramiento.
La secuencia y estructura regulares y sistematizadas que usamos en las sesiones, permiten una mayor confianza y seguridad al paciente, que poco a poco las va integrando y eso le permite entregarse con confianza. Dicha confianza es clave para poder soltar aquellos pesos físicos y emocionales gravados en lo más profundo de sus tejidos, de sus vísceras y de su ser.
Después de este trabajo Rosa sentía un descanso muy profundo, se sentía muy relajada, "mi cuerpo no pesa", "siento mucho espacio dentro", decía ella.
-"¿Y cómo vives éstas sensaciones que estás sintiendo? " le pregunté.
-" Me siento libre " respondió, con expresión de sorpresa y alegría.
Entonces continuamos con el masaje sensitivo, que le permitió quedar en contacto con su mundo interno, introyectando los cuidados y el amor de lo que Winnicott, postuló como "la madre suficientemente buena".
Al final de la sesión, Rosa estaba muy sonriente, se le escapaban incluso carcajadas, al explicarme que se sentía “¡poderosa!", "más alta y grande, ocupando todo el espacio", "me siento capaz de hacer cualquier cosa que me proponga", "no me duele nada, me siento ligera"
Le pregunté cuáles eran los sentimientos que acompañaban dichas sensaciones.
"Seguridad y alegría", respondió ella sonriente y con el rostro iluminado.
-"En tu cuerpo, ¿dónde o de qué manera se expresa esta seguridad que sientes?" pregunté.
- "En mis piernas!! Las siento firmes ahora " respondió sonriente y enérgica.
Con el relato de lo vivido y la transformación que observamos en esta sesión, he querido mostrar los sorprendentes beneficios del trabajo con el cuerpo, que llega a capas tan profundas que permite reparar más allá del cuerpo físico, nutriendo a su vez el cuerpo emocional, mental y energético.
Estar a la escucha del cuerpo nos permite sentir nuestras necesidades más profundas que merecen ser atendidas.
La relación de confianza y seguridad con el/la terapeuta, permiten al paciente atravesar los miedos a adentrarse en esa profundidad. Y es en la profundidad donde encontramos la reparación verdadera, que perdura en el tiempo.
Como decía Nazaret Castellanos:
"El cuerpo sabe, cuando la cabeza aún no se ha dado cuenta"
Las respuestas que tanto buscamos desde la mente, las tiene el cuerpo. Merecemos darnos el tiempo y el espacio para escucharlo, para escucharnos.
María Daniela Martos
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