T- pachoa

T- pachoa

Compartir

Apapachate con productos elaborados con ingredientes naturales.

05/03/2026

Cuando el amor de mamá no llegó como lo necesitábamos, es como si algo en nuestro corazón quedara congelado. Tal vez has sentido ese vacío, esa sensación de desamparo o esa constante pregunta: “¿Por qué no me amó de la manera que yo esperaba?”. Es un dolor profundo, uno que a veces nos acompaña sin darnos cuenta, moldeando nuestras relaciones, nuestra forma de amarnos y el mundo que construimos alrededor.

Lo que muchas veces olvidamos es que mamá también es hija de una historia, de un linaje que quizá también careció del amor que necesitaba. Muchas veces nuestras madres vienen cargando heridas tan profundas que no pudieron darnos aquello que no tenían para ellas mismas. No es que no quisieran amarnos; es que tal vez no sabían cómo hacerlo, porque nadie les enseñó o porque el dolor en su corazón no las dejaba vernos completamente.

Pero aquí está la verdad que puede liberarte: aunque el amor de mamá no haya llegado como tú lo necesitabas, no significa que no seas digna de amor. No significa que algo esté mal contigo. Tú naciste con el derecho de ser amada, porque eres amor en tu esencia más pura. Lo que te faltó no define quién eres ni el valor que tienes.

Sanar esta herida no es fácil, pero es el acto de amor más grande que puedes darte a ti misma. No se trata de culpar a mamá ni de buscar en ella aquello que no pudo darte. Se trata de mirar esa herida con compasión, de aceptar que el amor que buscaste afuera siempre ha estado dentro de ti, esperando ser descubierto.

Cuando miras a mamá desde su humanidad, no solo como “la madre que debería haber sido”, sino como una mujer con sus propias batallas, su propio dolor y su propia historia, algo en tu corazón comienza a suavizarse. Tal vez ella hizo lo mejor que pudo con lo que tenía. Tal vez no pudo darte más, no porque no te quisiera, sino porque no sabía cómo. Y ahí es donde tú puedes hacer algo maravilloso: romper la cadena, sanar lo que ella no pudo sanar, y comenzar a darte el amor que siempre has merecido.

Sanar no significa olvidar lo que faltó ni minimizar tu dolor. Sanar significa abrazarte en tu totalidad: reconocer tu herida, honrar tu historia, y aún así decidir que mereces una vida plena, llena de amor y paz. La sanación comienza cuando dejas de mirar hacia mamá esperando lo que no pudo darte y comienzas a mirar hacia ti misma con ternura. Cuando te das permiso de ser tu propia madre, de nutrirte, cuidarte y amarte de la manera que siempre soñaste.

Imagina por un momento abrazar a la niña que fuiste. Esa pequeña que esperaba un “te amo”, una caricia, o una mirada de orgullo. Dile que está bien sentir lo que siente, que su dolor es válido. Y luego dile algo que quizás nadie le dijo: “Eres suficiente. Eres digna de amor tal como eres. No tienes que hacer nada para merecerlo”. Ese acto de amor hacia ti misma puede empezar a llenar los vacíos que dejó el pasado.

Si eres madre, recuerda que no tienes que ser perfecta. Simplemente, sé presente. Escucha, abraza, y valida a tus hijos como te hubiera gustado que te validaran a ti. Pero también, recuerda que tus hijos no son responsables de sanar tus heridas. Esa labor es tuya, y al hacerla, les das el regalo más grande: una madre libre, amorosa y consciente.

Sanar la relación con mamá no es un camino fácil, pero es profundamente liberador. Cuando comienzas a soltar el dolor y a abrazar el amor que siempre ha estado dentro de ti, algo cambia. La vida se siente más ligera, y el amor fluye de maneras que antes no creías posibles. Tú tienes ese poder. Eres el comienzo de un nuevo capítulo en tu linaje, uno donde el amor y la paz pueden florecer.

Mira a mamá con compasión, pero también mírate a ti misma con esa misma ternura. Reconoce que has llegado hasta aquí, a pesar de las carencias, a pesar del dolor. Y eso te hace fuerte. Eres suficiente. Eres amor. Eres luz. Y siempre lo has sido. Hoy es el día de empezar a recordarlo.
🧚‍♀️💐

De la página Constelaciones Familiares con Grisel Kozzt

22/02/2026

Señales de que tienes una presencia intimidante
No es que incomodes.
Es que tu presencia activa inseguridades que otros no quieren mirar.
No todos soportan a alguien que no necesita aprobación.
Primera señal:
Dominas el silencio.
Mientras muchos hablan para tapar su nerviosismo…
tú puedes quedarte callado.
Sin tensión.
Sin prisa.
Y ese silencio pesa.
Porque cuando no llenas el vacío, obligas al otro a enfrentarlo.
El que no teme al silencio, controla el ritmo.
Segunda señal:
Tu mirada no tiembla.
No es agresiva.
Es profunda.
Observas con atención real.
Y eso inquieta.
Porque quien se siente observado de verdad… siente que no puede fingir.
La mirada firme revela más de lo que pregunta.
Tercera señal:
Te mueves poco… pero dices mucho.
No haces gestos innecesarios.
No juegas con las manos.
No buscas aprobación en cada frase.
En momentos de presión, tu calma no se rompe.
Y eso descoloca.
La serenidad en el caos es poder puro.
Tener una presencia que impone no significa intimidar por miedo.
Significa haber ordenado tu mundo interno.
Cuando ya dominas tus impulsos,
el ruido externo pierde efecto.
Si quieres aprender a proyectar autoridad sin decir una palabra,
a usar tu lenguaje corporal con intención estratégica
y a convertir tu energía en influencia real…
Y tú cuáles de estas señales tienes?

Autor Akam Mafia

20/11/2025

El duelo por la vida que imaginaste

es uno de los duelos más silenciosos,
porque no se llora una muerte real,
pero sí la caída de una versión de ti misma
que ya no pudo ser.
Es despedirte de la mujer que soñaste ser a los veinte,
de los caminos que no tomaste,
de la libertad que se ajustó cuando llegaron las responsabilidades,
de los planes que postergaste por amor, por necesidad,
o por supervivencia.
Es mirar con ternura —y a veces con rabia—
a esa versión tuya que creía que todo iba a ser diferente.
Que se imaginaba estudiando, creciendo, ahorrando,
haciendo proyectos, tomando decisiones desde la abundancia
y no desde la urgencia.
El duelo por la vida imaginada no siempre duele por lo que falta,
sino por lo que se entregó,
por todo lo que diste sin saber que el costo sería tan alto.
Por las horas sin dormir,
por los trabajos que tuviste que dejar,
por los sueños que pusiste en pausa,
por el cuerpo que corrió antes de tiempo,
por la mente que tuvo que hacerse adulta antes de lo que tocaba.
Y a veces, en medio de la rutina,
ese duelo reaparece como tristeza sin motivo,
como cansancio profundo,
o como esas lágrimas que te sorprenden sin permiso.
No son debilidad:
son la memoria afectiva diciendo
“hay algo que todavía no he terminado de soltar”.
Sanar este duelo no es renunciar a tus sueños,
es actualizar la historia.
Es admitir lo que dolió,
lo que no ocurrió,
lo que sí ocurrió y te cambió para siempre.
Es sostener a la mujer que fuiste
y darle espacio a la que está emergiendo ahora.
Porque a veces la vida que imaginaste no llegó,
pero la vida que puedes construir hoy
también merece ser mirada con amor,
con paciencia,
y con la dignidad de quien sabe que ha dado todo
para mantenerse en pie.
Y en esa aceptación serena nace otra verdad:
no estás tarde para ti.
Todavía hay caminos, todavía hay opciones,
todavía hay una mujer en ti que quiere renacer.
Ese duelo no se supera…
se honra.
Y se transforma.🩵
Psic. María Dolores 🦋

16/06/2025

💭 A veces no entendemos el amor de papá hasta que miramos con ojos más compasivos...

Sanar a papá no significa justificarlo, sino darle un lugar en nuestra historia sin que duela.

Quizá no dijo lo que necesitabas escuchar, o no supo demostrar lo que sentía... pero hoy, desde tu conciencia, puedes transformar ese dolor en comprensión.

Este Día del Padre, honra lo que fue, suelta lo que duele y quédate con lo que sana.

🌿 ¿Qué aprendiste de él, incluso sin palabras?

́aDelPadre .
Tomado del muro de Charly Juarez

04/06/2025

La incapacidad de recibir apoyo de otros
es una respuesta al trauma.

Tu condicionamiento de "No necesito a nadie, lo haré todo yo misma/o" es una estrategia de supervivencia. Y lo necesitabas para proteger tu corazón del abuso, la negligencia, la traición y la decepción de aquellos que no podían o no estarían ahí para ti.

De la madre o del padre que estuvo ausente y te abandonó por elección o que nunca estuvo en casa después de trabajar en tres empleos para alimentarte y alojarte.

De los amantes que ofrecieron intimidad sexual pero nunca ofrecieron un refugio seguro que honrara tu corazón.

De las amistades y la familia que SIEMPRE tomaron más de lo que dieron.

De todas las situaciones en las que alguien te dijo "estamos juntos en esto" o "te cuido" y luego te abandonó, dejándote para recoger los pedazos cuando la mi**da se volvió real, dejándote a cargo de tu parte y la suya también.

De todas las mentiras y todas las traiciones.

Aprendiste en el camino que realmente no podías confiar en la gente. O que podrías confiar en la gente, pero solo hasta cierto punto.

En la extrema independencia LA CONFIANZA ES UN PROBLEMA.

Aprendiste: si no me pongo en una situación en la que confío en alguien, no tendré que decepcionarme cuando no esté presente, o cuando deje caer la pelota... porque SIEMPRE lo hará. Dejar caer la pelota EVENTUALMENTE ¿verdad?

Es posible que incluso generaciones de antepasados heridos que vinieron antes que tú te hayan enseñado intencionalmente esta estrategia de protección.

La independencia extrema es un ataque preventivo contra la angustia.

Entonces, no confías en nadie.

Y tampoco confías en ti mismo, en ti misma, para elegir personas.

Confiar es esperar, confiar es ser vulnerable.

"Nunca más", juras.

Pero no importa cómo lo disfraces y lo exhibas con orgullo para que parezca que este nivel de independencia es lo que siempre quisiste ser, en verdad es tu corazón herido, lleno de cicatrices y roto detrás de una pared protectora de ladrillos.

Impenetrable. No entra nada. No entra ningún daño. Pero tampoco entra el amor.

Las fortalezas y las armaduras son para aquellos que están en batalla o que creen que la batalla se acerca.

Es una respuesta al trauma.

La buena noticia es que el trauma que se reconoce es un trauma del que puedes recuperarte.

Eres digna, eres digno de tener apoyo.
Eres digna, eres digno de tener una verdadera comunidad.
Eres digna, eres digno de amor.
Eres digna, eres digno de que tu corazón sea sostenido.
Eres digna, eres digno de ser adorado.
Eres digna, eres digno de ser apreciado.
Eres digna, eres digno de que alguien te diga: “Descansa. Yo me encargo." Y realmente cumplan esa promesa.
Eres digna, eres digno de recibir.
Eres digno, eres digno de recibir.
Tú eres digno. Tú eres digna.

No tienes que ganártelo.
No tienes que demostrarlo.
No tienes que regatear.
No tienes que rogar por ello.

Tú eres digno. Tú eres digna
DIGNO, DIGNA.
Simplemente porque existes.
Créditos al autor.

01/05/2025

SOMOS LOS HIJOS DE PADRES QUE NO FUERON A TERAPIA ❤️‍🩹

Somos los hijos de quienes hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían.

Crecimos entre silencios que ocultaban lo que nunca se habló, entre normas que no se cuestionaban y emociones que se contenían hasta volverse invisibles.

Aprendimos a leer gestos más que palabras, a sobrevivir en la incertidumbre de lo que no se decía y a encontrar sentido en lo que, para ellos, no tenía nombre.

No se trata de juzgar su nivel de conciencia, sino de comprender que cada generación carga con el peso de su propia historia, que nuestros padres también fueron hijos de un tiempo en el que la vulnerabilidad era un lujo y la introspección, un camino poco transitado. Ellos crecieron en un mundo donde las heridas no se nombraban, solo se sobrellevaban. Donde los límites eran rígidos o inexistentes. Donde el amor se demostraba con sacrificios, no con palabras.

Y sin embargo, aquí estamos. Aprendiendo a poner en palabras lo que ellos no pudieron decir. A reconocer los miedos que nos fueron heredados sin culpa. A darnos el permiso de sentir sin miedo al juicio. Porque sanar no es culpar, es entender que lo que recibimos fue lo que ellos supieron dar. Es mirar con compasión su historia y con responsabilidad la nuestra.

Somos los hijos de padres que no fueron a terapia, pero hemos elegido un camino distinto. Nos toca trascender lo aprendido sin despreciarlo, construir sin destruir, honrar sin repetir. Nos toca aceptar que no podemos cambiar el pasado, pero sí transformar su eco en nuestra vida. Nos toca abrazar nuestras heridas con ternura, convertirlas en fuentes de sabiduría y permitirnos ser, con cada paso, la generación que abre el camino a nuevas formas de amar, de vivir, de estar, de Ser .

Texto e imagen tomados de la red. Derechos de autor a quien corresponda.

26/02/2025

DIFERENCIA ENTRE LINAJE Y FAMILIA

Hay una diferencia entre el linaje, la familia y la tribu.

El linaje es todo nuestro pasado, desde mamá y papá hasta los ancestros/as que no conocimos pero sabemos que existieron.
La familia es el núcleo que nosotras elegimos de adultas; nuestra pareja e hijas/os.

La tribu tiene que ver con todas esas personas que nos sostienen y que nos han sostenido o acompañado aunque no hay necesariamente un vínculo de sangre. Hay veces que nuestro linaje se ha perdido o hemos decidido romper lazos con algunos o todos los miembros, por salud mental o emocional.

Del linaje nos viene la vida, si, pero un vínculo sano no se sostiene únicamente por 'pasar la vida' sino por cuidarla, procurarla y acompañarla y muchas veces parte de nuestro linaje lo hace y otras tantas, no.
La elección de la distancia o cercanía con tu linaje es personal y válida en base a lo que tú has vivido y has decidido hacer.
El bienestar propio no está condicionado a la cantidad de cercanía que tengas con tu linaje.

En la familia es muy probable que repitamos patrones o vicios de actuar que aprendimos con el linaje y que mientras no se sane el pasado, repetiremos inconscientemente en el presente. Esto no lo hacemos por querer estar mal ahora, sino porque como dice Clarissa Pinkola Estés; "Al repetir esa herida que tanto duele, aunque duele, te hace sentir un poco más en casa". O sea te da identidad porque la recuerdas. Aquí es donde el trabajo personal es muy importante para poder mirar, sanar y tener otras opciones de afrontar cada situación que vivimos.
La terapia que te acompaña amorosa y respetuosamente a revisitar memorias y resignificarlas será valiosa para poder hacer cambios en el presente.

La tribu se va creando, con amigas, compañeras, vecinas, conocidas, hermanas de camino.
La tribu está para ti y tú te sientes acogida, respetada y amada en esta parte vincular de tu vida.
Como puedes ver tenemos al menos estos 3 espacios vinculares y cada uno nos puede proveer de diferentes cosas y también nosotras a su vez, vamos formando parte de otros linajes y de otras tribus.

Acá unos consejos breves:
Elije la distancia o cercanía con tu linaje en base a tu salud emocional.
Trabaja en ti para disfrutar más a tu familia sin repetir patrones añejos.
Encuentra tribu amorosa pues será en muchas ocasiones la que sostenga tu corazón siendo esa manada que aullando, encontraste..

Créditos a su autor.

17/02/2025

SOMOS LOS HIJOS DE PADRES QUE NO FUERON A TERAPIA

Somos los hijos de quienes hicieron lo mejor que pudieron con lo que tenían. Crecimos entre silencios que ocultaban lo que nunca se habló, entre normas que no se cuestionaban y emociones que se contenían hasta volverse invisibles. Aprendimos a leer gestos más que palabras, a sobrevivir en la incertidumbre de lo que no se decía y a encontrar sentido en lo que, para ellos, no tenía nombre.

No se trata de juzgar su nivel de conciencia, sino de comprender que cada generación carga con el peso de su propia historia, que nuestros padres también fueron hijos de un tiempo en el que la vulnerabilidad era un lujo y la introspección, un camino poco transitado. Ellos crecieron en un mundo donde las heridas no se nombraban, solo se sobrellevaban. Donde los límites eran rígidos o inexistentes. Donde el amor se demostraba con sacrificios, no con palabras.

Y sin embargo, aquí estamos. Aprendiendo a poner en palabras lo que ellos no pudieron decir. A reconocer los miedos que nos fueron heredados sin culpa. A darnos el permiso de sentir sin miedo al juicio. Porque sanar no es culpar, es entender que lo que recibimos fue lo que ellos supieron dar. Es mirar con compasión su historia y con responsabilidad la nuestra.

Somos los hijos de padres que no fueron a terapia, pero hemos elegido un camino distinto. Nos toca trascender lo aprendido sin despreciarlo, construir sin destruir, honrar sin repetir. Nos toca aceptar que no podemos cambiar el pasado, pero sí transformar su eco en nuestra vida. Nos toca abrazar nuestras heridas con ternura, convertirlas en fuentes de sabiduría y permitirnos ser, con cada paso, la generación que abre el camino a nuevas formas de amar, de vivir, de estar, de Ser.

Fernando Jimenez ✨

15/01/2025
03/01/2025

Nuestra finalidad en la vida y el árbol genealógico.

Cuenta Alejandro Jodorowsky, que para preparar su película, "La Montaña Sagrada", huyó de México porque había recibido amenazas por parte de las autoridades.

Él se instaló en Nueva York, donde empezó a notar que comenzaba a transpirar copiosamente sin razón alguna.

Él dice, "comencé a transpirar como bruto", y es por ello que comenzó a angustiarse, ante tal síntoma sin motivo.

Fue entonces, que un gran amigo suyo, le recomienda visitar a un médico chino, según esto, muy bueno y un gran sabio.

Al llegar Jodorowsky con éste médico anciano, él le pregunta: “¿Cuál es su finalidad en la vida?”.

Y Alejandro Jodorowsky respondió:
“No vengo a tener una conversación filosófica.
Vengo a que usted me cure de esta incesante transpiración”.

El anciano insistió: “Si usted no tiene una finalidad en la vida, no lo puedo curar”.

Y ésta resulta ser la primera pregunta que deberás plantearte al desear hacer tu árbol genealógico. En esa simple pregunta, está la clave de toda tu historia, porque responderla, significa dar luz al árbol genealógico.

En la respuesta que expresemos, están nuestras limitaciones, nuestros miedos, lo que nuestro árbol ha tenido prohibido, lo que el árbol nos ha negado.

Y esa pregunta, tiene muchas variantes, sí, pero el fondo, será el mismo:

¿Qué es lo que quiero hacer con mi vida?
¿Cuál es mi finalidad?
¿En qué me pueden ayudar?
¿Qué es lo que todavía no he conseguido?
¿Hacia dónde voy?
¿Cuál es mi horizonte ideal?
¿Cuáles tres deseos le pediría a una Hada Madrina?
¿Qué haría si pudiera ser invisible durante 24 horas?

Y ojo! Todo aquello que respondas, es lo que tu árbol genealógico te tiene prohibido, por lo que deberás prestar especial atención a lo que de corazón te nazca responder.

Si respondés que tu finalidad es DISFRUTAR de la vida, significa que tu árbol trae arrastrando una "Prohibición del placer, del deseo". Y como el árbol no ha "disfrutado", vos tenés ese fuerte anhelo.

La finalidad de nuestra vida, es lo que realmente somos, es nuestro guión auténtico, incompatible muchas veces con el guión que la familia nos impone. El árbol genealógico nos imprime una misión y tratará de que la cumplamos, aunque ello nos niegue ser lo que somos.

No siempre se tiene la respuesta al borde de los labios, a veces el mismo hecho de no haber sido deseados o tenidos en cuenta en nuestra infancia, puede hacernos carecer de finalidad en la vida de adultos.

Para los que les cuesta muchísimo conectar con su finalidad y verbalizarla, se les recomienda que durante siete días vayan a comprar su postre favorito y lo disfruten tranquilos y en paz. Eso despertará nuestro placer, la parte creativa y con ello, tendremos más clara nuestra finalidad.

Y hay tres poderosas razones por las que uno debe “detener el reloj", sentarnos y plantearnos nuestra finalidad:

1. Cuando sabemos lo que queremos de verdad, y eso que queremos no lo estamos logrando de momento, de pronto descubrimos como por arte de magia que hay algo que nos lo impide: es “la trampa del árbol”.

Si queremos ser felices, es porque nuestro árbol quiere que suframos.
Si queremos ser artistas, es porque nuestro árbol tiene prohibida la creatividad.

Si queremos amar, es porque nuestro árbol no ha tenido mucha suerte en el amor.

Si queremos ser libres, es porque nuestro árbol nos quiere esclavos.
Así hasta el infinito…

La forma en que lo hace, y las maneras de lograr sanarnos y sanar el árbol para que esa finalidad no tenga impedimentos para ser alcanzada, las descubriremos analizando y estudiando nuestro árbol genealógico.

2. Verbalizar, decir con palabras y en voz alta nuestra finalidad en la vida, es comenzar a caminar hacia ella. Es hacerla consciente.

Es como hacerle un pedido al Universo, es lanzar un mensaje, una oración… Ahí uno empieza a llamar al cambio, cuando declara su intención.

3. Mostrar nuestra finalidad nos sitúa en lo que somos. El árbol nos da una misión loca, una identidad falsa, un no ser lo que somos en realidad. Cuando nos atrevemos a sacar al exterior lo que deseamos alcanzar, empezamos a ser felices, a estar más sanos, o lo que es lo mismo, empezamos a SER.

Es importante apuntar que la finalidad debe ser formulada de la forma más concreta posible, no abstracta.

Como diría Marianne Costa, “si pedís al hada una finalidad borrosa, te va a dar una finalidad borrosa”.

También Milton H. Erickson, con uno de sus terapéuticos relatos nos enseña algo fundamental: “Imponete siempre un objetivo real, para el futuro inmediato”.

En palabras de Jodorowsky, “todos hemos nacido de un hombre y una mujer. En cualquier estado que estés, el universo quiere que te realices. La vida tiene la finalidad que vos decidas. Para poder realizarnos, debemos conocer los acuerdos del inconsciente familiar que nos lo impiden”.

Decime ahora: ¿cuál es tu finalidad? Y recordá las palabras de Séneca: “No hay viento favorable para el que no sabe dónde va”.

Fuente Nanci Puertas Vicci

¿Quieres que tu empresa sea el Salón De Belleza mas cotizado en Mexico City?
Haga clic aquí para reclamar su Entrada Patrocinada.

Categoría

Dirección


Mexico City

Horario de Apertura

Lunes 9am - 7pm
Martes 9am - 7pm
Miércoles 9am - 7pm
Jueves 9am - 7pm
Viernes 9am - 7pm