Luz CVill
Mi día a día nuevas experiencias
13/12/2025
El 12 de diciembre amanece con prisa y culpa.
Todavía es de noche cuando Juan Diego se levanta en Tulpetlac. Mira a su tío: sigue ardiendo en fiebre, respira mal, parece que no pasa de ese día. En su corazón decide algo que a él le parece razonable: primero buscará al sacerdote para que le dé los últimos sacramentos a Juan Bernardino, y luego irá con la Señora. No piensa desobedecerla; solo quiere que su tío no se muera sin confesión. Por eso, en vez de tomar el camino de siempre que sube al Tepeyac, rodea el cerro, intentando “darle vuelta” al encuentro.
Y es precisamente ahí donde la gracia lo intercepta.
En medio del rodeo, oye la voz conocida que le corta el alma: “¿A dónde vas, el más pequeño de mis hijos?” Él se confunde, se avergüenza, le explica casi pidiendo perdón: su tío está moribundo, tiene que traer al padre, por eso no pasó a verla, que no se enoje, que no está despreciando el mandato, solo es la urgencia. La respuesta de la Señora es el corazón de todo Guadalupe. No lo regaña, no le echa en cara que quisiera evitarla. Le habla como solo una madre puede hablarle a un hijo que se ahoga en responsabilidades imposibles: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?” Y remata con la frase que desarma su angustia: “No se turbe tu corazón. No temas esa enfermedad ni otra alguna. Tu tío ya sanó.”
Ahí se rompe el n**o interior de Juan Diego. Lo que para él era un conflicto insoluble —o la Señora o el tío—, para Ella no era problema: la Madre toma las dos cosas a la vez. Mientras él sufría pensando que abandonaba a uno para obedecer al otro, la Virgen ya había entrado en la choza de Tulpetlac, había tocado el cuerpo de Juan Bernardino y lo había levantado de la cama. El sobrino todavía no lo sabe, pero confía: si Ella lo dice, así será. Entonces se rinde del todo. Ya no la evita, ya no negocia; se entrega a lo que la Señora pida.
Ella le ordena subir a la cumbre del cerro, donde el terreno es pedregoso y en diciembre solo hay frío y espinas. Pero cuando Juan Diego llega, se queda sin palabras: el Tepeyac está cubierto de rosas frescas, grandes, fragantes, rosas de Castilla, imposibles en ese clima y en esa estación. Obedece el gesto más extraño que le han pedido en su vida: corta las flores, las recoge en su tilma como si fuera un delantal pobre y las aprieta contra el pecho para que no se caigan. La Señora acomoda con sus propias manos ese ramo improvisado; no hay jarrón ni tela fina, solo el poncho áspero de un campesino. Y le da la orden final: que vaya con el obispo y, delante de él y de nadie más, abra el manto y muestre la señal.
Juan Diego baja a la ciudad como quien lleva un tesoro y no sabe bien qué es. No se preocupa de si las flores se marchitan; confía en que bastarán. Llega al palacio, se abre paso entre criados que ya lo reconocen, y cuando por fin está delante de Zumárraga, hace lo que la Señora le dijo: cuenta una vez más lo sucedido y, como sello de la palabra, abre la tilma. Las rosas caen al suelo, vivas, imposibles, pero nadie mira ya las flores. Todos se quedan clavados en la tela. En ese instante, ante los ojos del obispo y de los presentes, aparece la imagen de la Virgen tal como la conocemos: joven, morena, en cinta, vestida de rosa y azul verdoso, de pie sobre la luna, sostenida por el ángel, rodeada de luz. Juan Diego no se da cuenta de lo que lleva sobre el pecho; solo ve que el obispo se levanta, se arrodilla llorando y que quienes lo rodean hacen lo mismo.
El 12 de diciembre es el día del vuelco: el obispo que dudaba se rinde, el indio que se sentía “hoja seca sin valor” se descubre portador de un signo para todo un pueblo, la tilma pobre se vuelve estandarte, el cerro de Tonantzin se convierte en casa de Santa María de Guadalupe. Esa misma jornada, mientras en el palacio se arrodillan ante la imagen, en Tulpetlac los enviados del obispo encuentran a Juan Bernardino sano, fuerte, contando que la Señora se le apareció, lo curó y le dijo su nombre. La señal no fue solo una pintura; fue una vida salvada y un pueblo abrazado.
Así termina ese 12: no con fuegos artificiales, sino con algo más profundo. Un obispo manda construir la ermita prometida, un pueblo empieza a subir al Tepeyac con flores y lágrimas, y un campesino se retira al silencio, sabiendo que ya no es solo Cuauhtlatoatzin el que camina por los senderos, sino todos los pequeños a quienes la Madre vino a decirles: “No temas, ¿no estoy yo aquí que soy tu madre?”.
EVANGELIO DE HOY DOMINGO 16 DE NOVIEMBRE.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 21, 5-1
En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico.
Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decía:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes.
Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo.
Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.
Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.
Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre.
Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
Palabra del Señor
11/11/2025
06/11/2025
FERTILIZANDO
El guayabo se beneficia de una fórmula de fertilizante relativamente equilibrada y es exigente en Nitrógeno (N) y Potasio (K).
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Evangelio del día – Jueves 6 de noviembre de 2025
Evangelio según San Lucas 15,1-10
> En aquel tiempo: Acercábanse a Jesús todos los publicanos y pecadores para escucharlo.
Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este recibe a los pecadores y come con ellos».
Entonces Jesús les dijo esta parábola: «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, y si se le pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la descarriada hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: “¡Alegraos conmigo, porque he encontrado la oveja que se me había perdido!”
Os digo que así habrá mayor gozo en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por los noventa y nueve justos que no necesitan conversión.
¿O cuál mujer que tiene diez dracmas, y si se le pierde una, no enciende la lámpara, barre la casa y busca con diligencia hasta encontrarla? Cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas, y les dice: “¡Alegraos conmigo, porque he encontrado la dracma que se me había perdido!”
Os digo que así se gozarán los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
Reflexión
El pasaje nos muestra la misericordia de Dios: él no se queda con lo que «ya está bien», sino va a la búsqueda de lo que está perdido.
También invita a nosotros a no quedarnos de brazos cruzados ante el hermano que está descaminado, sino colaborar en su encuentro con Dios.
01/11/2025
¡Oh Divina Providencia! ¡Concédeme tu clemencia y tu infinita bondad! Arrodillado a tus plantas a ti caridad portento. Te pido para los míos: casa, vestido y sustento. Concédeles salud y llévalos por el buen camino y que sea siempre la virtud la que los guíe en su destino. Tú eres toda mi esperanza. Tú eres el consuelo mío, en Ti creo, en Ti espero y en Ti confío. Tu Divina Providencia se extienda en cada momento, para que nunca nos falte: casa, vestido y sustento, ni los santos Sacramentos en el último momento. Amén".
Evangelio de hoy sábado
† Lectura del santo Evangelio según san Mateo (5, 1-12)
En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así: “Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque serán consolados. Dichosos los sufridos, porque heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.
Dichosos los misericordiosos, porque obtendrán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque se les llamará hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los cielos. Dichosos serán ustedes, cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos”.
Palabra del Señor.
EVANGELIO DE HOY VIERNES 31 DE OCTUBRE.
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas (14, 1-6)
Un sábado, Jesús fue a comer en casa de uno de los jefes de los fariseos, y éstos estaban espiándolo. Había allí, frente a él, un enfermo de hidropesía, y Jesús, dirigiéndose a los escribas y fariseos, les preguntó: “¿Está permitido curar en sábado o no?” Ellos se quedaron callados. Entonces Jesús tocó con la mano al enfermo, lo curó y le dijo que se fuera. Y dirigiéndose a ellos les preguntó: “Si a alguno de ustedes se le cae en un pozo su b***o o su buey, ¿no lo saca enseguida, aunque sea sábado?’’ Y ellos no supieron qué contestarle.
Palabra del Señor
“Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; que no se perturbe tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad o cosa punzante, aflictiva.
¿No estoy aquí yo, que soy tu Madre?
¿No estás bajo mi sombra y resguardo?
¿No soy yo la fuente de tu alegría?
¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa?”
MADRE NUESTRA RUEGA POR NOSOTROS 🌹🌹🌹✨🙏🏻
En mi Querido Dolores Hidalgo Guanajuato
Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores
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