Nutri & Salud Estados Unidos
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25/09/2020
Un día, uno de esos días cualquiera de otoño, un hombre, cansado ya de su triste vida, decidió dar solución a sus problemas. Él se sentía solo y desamparado y decidió encontrar ayuda. Buscó y buscó y por fin, en Internet, encontró un artículo del que se decía que era la persona que más sabía sobre el éxito.
Decidió que quería conocer personalmente al Gurú y viajó hacía donde éste vivía. Una vez allí, supo que el Gurú impartía una conferencia cerca de donde él se hospedaba.
Asistió como un participante más y una vez finalizada la sesión, decidió hablar directamente con él. Le esperó a la salida y allí mantuvo una corta pero gratificante conversación:
– Señor Gurú del éxito. Usted es la persona más exitosa de mundo. Usted sabe todo lo que hay que saber sobre el éxito. Yo, al igual que usted, también quiero ser exitoso.
– ¿Cuánto deseas el éxito? – Preguntó el Gurú, mirándole directamente a los ojos.
– ¡Más que nada en el mundo! – Contestó apresuradamente.
– Si es así, quiero verte mañana al amanecer en la playa. - Y sin mediar más palabras, terminó la conversación.
Esa noche, nuestro protagonista, no durmió. Permaneció en vela pensando en cómo su suerte iba a cambiar definitivamente y como se convertiría en una persona tremendamente exitosa.
Al día siguiente, como ambos había acordado, se vieron en la playa. Allí, antes de que el Sol despuntara, esperaba El Gurú con las manos cruzadas a que su nuevo pupilo se encontrara con él.
– Desnúdate y acompáñame hasta el centro del mar- Le pidió el Gurú sin ni siquiera darle los buenos días.
Extrañado pero sumiso, nuestro protagonista obedeció y ambos nadaron mar adentro. Media hora después, el hombre muy contrariado decidió parar aquella farsa.
– Señor Gurú de éxito. No dudo de sus conocimientos y valía, pero yo no he venido aquí a aprender a nadar. He venido aquí para aprender a ser exitoso.
Con su última palabra, El Gurú del éxito agarró fuertemente su cabeza y la sumergió con energía bajo el agua. Y así lo mantuvo un minuto, un minuto y medio … dos minutos … dos minutos y medio. El hombre forcejeaba y trataba en vano de liberarse de su opresor. Después de tres minutos y al borde del desfallecimiento, el Gurú,
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